¿En qué dirección va Haití?

Fecha 09/09/2020

Desde hace unos diez días tres temas más que otros en las noticias: la inseguridad, el grito de los alumnos de las escuelas públicas y el tipo de cambio.

La inseguridad fue el punto de partida de este nuevo ciclo con la ejecución del presidente del Colegio de Abogados, Me Monferrier Dorval, en su domicilio el viernes 28 de agosto. Desde entonces, no ha pasado un día sin ataques en ciertos barrios populares.

Bel-Air y el bajo Delmas son las áreas citadas con mayor frecuencia. Pero otras ciudades se les unen esporádicamente en la lista de puntos de acceso.

Por el momento, ningún organismo ha revelado un registro de los enfrentamientos o ataques. Las incursiones seguidas por el éxodo de la población civil de los barrios, los tiroteos entre pandillas o entre pandillas y la Policía Nacional de Haití se conocen gracias a los videos que circulan pero no por el número de víctimas, heridos o muertos.

Si los informes son raros, hablar en público también lo es. Lo que está sucediendo en Puerto Príncipe tiene el mismo tratamiento que lo que no está sucediendo en el planeta más distante de nuestra galaxia, si analizamos el silencio de las autoridades.

Los líderes no tranquilizan, no comunican.

Entre compilación en progreso o banalización en acción, desconocemos la posición del estado haitiano sobre la seguridad en el área metropolitana.

La deriva violenta observada este miércoles con los alumnos de colegios nacionales y bachilleratos del área metropolitana se da en un contexto similar de silencio y evasión.

Los escolares se han manifestado durante días en los pueblos de provincias para exigir la presencia de los profesores en el aula. En varias localidades de provincias, las escuelas privadas han sido atacadas luego de ser invitadas a unirse al movimiento de protesta para exigir lecciones.

Del silencio al silencio, de la inacción a la inacción, el mismo fenómeno ocurrió en Port-au-Prince el miércoles.

Las escuelas privadas han sido indexadas, apedreadas, invadidas, saqueadas por jóvenes de las escuelas públicas.

El estado haitiano, luego de haber enfrentado a los barrios en enfrentamientos fratricidas, ha logrado enfrentar a los estudiantes haitianos en un enfrentamiento fratricida. Luchamos por aprender. Luchamos para evitar que el otro aprenda.

Todo transcurre en una relativa indiferencia de los funcionarios públicos y de la sociedad en general.

Se constata. Nos estamos quejando. Cobramos. La deriva continúa.

El silencio de las autoridades públicas y privadas es similar ante la estampida del dólar en el mercado haitiano. En un país donde más del 60% de los ahorros se realizan en dólares y donde más del 30% de la actividad económica depende de las remesas de la diáspora, en un país donde viven directamente más de tres millones de personas, y solo veces, transferencias en dólares, asistimos, sin decir palabra, al colapso de una de las dos monedas de curso legal en el país sin que nadie explique la situación ni pretenda tranquilizar a los actores.

Como ocurre con la inseguridad o la guerra escolar, el cambio está de moda sin timón ni capitán al timón.

Algún día contaremos las víctimas. Un día contaremos los resultados de la debacle educativa. Algún día analizaremos la riqueza creada o la pobreza provocada por la crisis monetaria de 2020.

Un día lo sabremos o nunca no buscaremos saber.

Este miércoles 9 de septiembre nadie puede indicar la dirección en la que se mueve el país. Esto no es nada nuevo. Es cada vez más preocupante.

Autor: Frantz Duval
Fuente Le Nouvelliste

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