Tiempos criminales

Fecha 03/09/2020

El mes de septiembre nos encuentra sepultados por enormes dolores, golpeados por el aumento de la violencia, sin los medios para actuar sobre una situación compleja que socava nuestras energías y nos deja totalmente desesperados.

No importa lo que pensemos hoy, los deseos que tengamos para nuestro país, las discordias que asumimos o deploramos, hay unanimidad de que hemos llegado al límite de la fealdad. Algunos de nuestros compatriotas cuestionan conscientemente qué contribuye al equilibrio de las sociedades: el derecho a la vida, la perpetuación de la especie humana y su memoria.

Una sociedad que llega a este punto de trivialización de la vida es una sociedad suicida. De hecho, nuestra sociedad en su día a día acepta funcionar, vivir como si no tuviese nada que perder, fragmentando intereses, creando antagonismos excéntricos pero que mueren duramente. Siempre ha sido así, como si las peores predicciones tuvieran que probarse acertadas. Hay momentos en que el mal se agrava aún más. Los asesinatos, las pequeñas masacres, los robos a mano armada y los abusos de las pandillas son la vida diaria de los más vulnerables y obligan a los más pudientes a darse cuenta de que la inseguridad es asunto de todos, que el colapso de las instituciones perjudicará a todos y se llevará todo eso. que quedan de nuestros sueños de democracia.

No hay palabras adecuadas para explicar nuestra situación actual. Pero todos sentimos que no es posible seguir adelante hasta que hayamos respondido algunas preguntas relevantes que nos incumben a nosotros y a nosotros mismos. La comunidad internacional ha arbitrado mucho en las últimas décadas, siempre en beneficio propio, y sus intervenciones han resultado ser amargos fracasos. Los de la misma generación que recordamos con amargura de 1994, 2004, 2010, por nombrar solo tres períodos particularmente dolorosos para los haitianos.

Varias veces al día escuchamos a jóvenes y mayores exclamar “nou pa gen peyi”. Sienten, ven venir el apocalipsis. El disparo de advertencia del que no nos recuperaremos.

Además de ser un espacio geográfico, un país es un proyecto constante, la posibilidad de proyectarse, de prepararse para la eternidad haciendo proyectos y sueños para las generaciones futuras. Aquellos que tienen derecho a algo mejor porque han tenido la oportunidad de ser precedidos por visionarios. Pero los proyectos que nos atrevemos a emprender son efímeros y efímeros, no se corresponden con necesidades inmediatas o futuras. Hay como un compromiso tácito sobre el hecho de que todo debe ser perecedero hasta las fuentes y los ríos.

Los discursos y acciones siempre han estado por debajo de la realidad o totalmente fuera de sintonía con ella. Aún no hemos dicho la verdad de la gente que lleva el país como un duelo, un dolor palpitante e interminable. De los que han hecho travesías demasiado breves, demasiado difíciles en esta tierra de Haití y que no tenían derecho a nada, no han dejado rastro, ni siquiera en el estado civil.

Muchos de nosotros sentimos las balas recibidas por Monferrier Dorval en nuestros cuerpos en su casa el viernes 28 de agosto. Todos estábamos tirados en el suelo junto a él con nuestros mañanas cubiertos de sangre y dudas. ¿Encontraremos el coraje para ponernos de pie, con nuestros muertos a distancia, para caminar en estos tiempos criminales?

Nuestros corazones dicen que sí, pero está oscuro, muy oscuro.

Profeta Emmelie

Fuente Le Nouvelliste

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