La enfermedad, el clima y las malas cosechas nos amenazan

Mayo termina. Pero nos dejará el Covid-19.

Se acerca junio, se acerca la temporada de huracanes.

Haití enhebra problemas como perlas en un rosario.

Los desastres naturales se esconden bajo el manto de epidemias, pandemias y, quién sabe, llevarán los nombres de las personas si los huracanes nos devastan en los próximos meses.

Las autoridades deben estar en todos los frentes. Continúe con la vigilancia de la salud y ajuste la respuesta. Monta la vigilancia meteorológica para evitar sorpresas.

No será fácil.

Ya con cada lluvia su cuota de problemas, un ciclón mal administrado sería demasiado.

Los pronósticos de los expertos meteorológicos hablan de una temporada muy activa para la región del Caribe. Los funcionarios de protección civil deben anticipar lo peor. Aquí, un frente frío, una ola tropical, una depresión tropical, un huracán de cualquier categoría pueden causar daños graves.

Además de las posibles inundaciones, cada vez que vuelve la amenaza del ciclón, surge la pregunta de los riesgos para el sector agrícola. ¿Cómo invertir y alcanzar sus expectativas cuando una lluvia, ráfagas de viento o sequía pueden aplanar todo y quitarle los cultivos?

Nada esta garantizado.

Plantar es como jugar al casino en ciertas partes del país. Y los perdedores en el juego del trabajo y el arado son siempre los mismos. Aquellos que invierten su tiempo y su sudor sin una red de seguridad.

Sin crédito, sin seguro, con un envejecimiento de la población en el campo y las ciudades cada vez más atractivo para los jóvenes, la ecuación de la producción nacional que pasa por el suelo es cada vez más aleatoria.

Una vez más, a las autoridades se les corta el trabajo … si suponemos que tienen harina y madera.

La agricultura no es amada en nuestro país, que es principalmente agrícola.

Los indicadores del Consejo Nacional para la Seguridad Alimentaria (CNSA) son rojos. Además de la enfermedad, corremos el riesgo de un fuerte aumento en el número de nuestros compatriotas en la inseguridad alimentaria, y la probabilidad de tener focos de hambruna en ciertos puntos del territorio no es insignificante.

Con un dólar valorado en más de 110 gourdes, no son las importaciones las que aliviarán la miseria ambiental.

2020 ya es el año de la enfermedad, la famosa fiebre asesina. Se corre el riesgo de traernos huracanes y privarnos de nuestros cultivos mientras aumenta el costo de vida.

Las autoridades deben estar atentas, incluso «veyativas». Y cada uno debe ser cien veces más.

Fuente: Le Nouvelliste

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *