El orden es un concepto desconocido en “el Pequeño Haití”

Mercaderes con propósito de progreso convierten esta zona en un lugar de desbarajuste y nocividad

En el Pequeño Haití se ha convertido en un gran arrabal debido a la falta de intervención gubernamental. Esta zona fue llamada con ese nombre debido a la estabilización de nacionales haitianos que comercializaban, y posteriormente se quedaron a vivir allí.

El Pequeño Haití está localizado en el sector San Carlos, justo detrás del Mercado Modelo, entre la calle Benito González hasta el Cuerpo de Bomberos de Santo Domingo. Esta zona, donde no existe la ley ni el orden se ubica a aproximadamente a un kilómetro de distancia del Palacio Nacional, donde se maneja el presupuesto nacional para enfrentar este y otros tipos de problemas de sanidad, urbanismo y medioambiente en el país.

El Pequeño Haití no representa interés alguno para su urgente intervención. Es bastante lo que distintos actores políticos, sociales y gente afectada directamente, han hablado sobre el tema, pero la insalubridad y el caos continúa imperando. Decenas de tarantines, vendedores de todo tipo de equipos electrónicos, toman las aceras y contenes, pero sobre todo ocupan en algunas vías, casi el 70% de la calle. La única forma de penetrar es a pie. A esto se suma el hacinamiento de las viviendas, que tienen apiñado cientos de aves, perros y gatos juntos. Estos realizan sus necesidades biológicas en la mismas jaulas que desciende por los contenes va a parar a otros negocios donde venden alimentos y bebidas, en su mayoría vegetales.

Comercio

“No, verdaderamente nunca ninguno del Ayuntamiento de los que han pasado han tenido interés de organizarnos a nosotros. Esto creo que está en proyecto quitarlo, de eliminarlo, porque dicen que esto pertenece a la Zona Colonial y compuesto con el Mercado Modelo”, dijo David Cuello, mercader.

Asimismo, expresó que nunca se empleará en una empresa para ser un simple “asalariado” porque con la venta de cargadores, celulares usados y demás mercancías, puede ganarse hasta RD$30,000 en un mes.

Asegura que para sacarlos o moverlos de allí, las autoridades competentes tienen que garantizarles un trabajo que obtengan igual o más ganancias que las acostumbradas a generar en El Pequeño Haití.

“Yo vendo mercancía usada, cargadores, monitores, celulares, cosas de computadoras. Deja el negocio más que estar empleado. No es igual como antes, verdaderamente le exigen mucho a uno. Nos ganamos más de 30 mensual”, concluyó.

Por otro lado, están las polleras que venden estas carnes en condiciones no aptas para el consumo humano. Esta situación empeora ya que el drenaje pluvial y los servicios de suministro de agua potable son limitados.

La movilización vial es una odisea, penetrar a calles, como la avenida Mella puede retrasarte hasta 25 minutos o más a la espera de que los comerciantes vendan o desmonten toda su mercancía a la calle para que inicie la fiesta del desorden.

También quienes transitan por estas calles a pie, en automóvil o bicicleta, exijan su derecho de libre tránsito, o pise algunos de los productos ofertas debido al estrecho espacio, esto pudiera terminar en una gran trifulca entre comerciantes y ciudadanos.

Sin la correcta orientación este sector crece desproporcionadamente en medio de una barbarie comercial. Sus calles en mal estado, el tendido eléctrico es un desastre, a pesar de que se encuentra enclavado en un área turística este sector es marginado, que se suma a los bolsones de pobreza y calamidad que arropan la ciudad. Por otro lado, el trabajo forzoso de menores de edad es predominante entre dominicanos y haitianos.

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