Ideología de género: Un atentado a la soberanía

Hoy todas las sociedades del mundo están entrampadas por la “ideología de género”, y nuestro propósito es analizar su influencia en la defensa nacional. Es decir, cuál es el impacto de este tema tan controversial y complejo cuya defectuosa visión no solo ha afectado a la opinión pública, tradiciones culturales, escala de valores, educación escolar y legislaciones, sino que también repercute en la seguridad ciudadana ocasionando el socavamiento de la defensa nacional, convirtiendo esta ideología en un atentado a la soberanía nacional.

Estamos conscientes de que el hecho de abordar esta cuestión estaremos expuestos a los ataques simultáneos de grupos feministas y LGTBitas encolerizados que siempre están en ánimos de apabullar opiniones contrarias utilizando la provocación, amenazas y el chantaje de todo calibre con tal de hacer prevalecer su ideología foránea, pero que a su vez, es sigilosa en lograr infiltrarse en los núcleos de la educación social, en nuestra jurisprudencia, y enquistarse en sectores del Estado.

El primer síntoma de este atentado lo encontramos en su propósito de socavar nuestros intereses nacionales en beneficio de ciertas élites de poder político y económico extranjeras para el control de naciones del planeta mediante la disolución de las sociedades, a través del aniquilamiento de sus costumbres, su moralidad y su cultura. Ya esto, sin necesidad de mucho análisis, es en esencia, un atentado a la soberanía de las naciones.

Nos permitimos presentar aquí un aporte conceptual para poder sustentar con mayor fundamento nuestras opiniones.

Concepto
De acuerdo al filósofo belga Michel Shooyans, experto en ideologías contemporáneas, el concepto de “género” es utilizado por las feministas radicales para resaltar que los roles de la mujer y el hombre no están dentro de la naturaleza -a pesar de sus obvias diferencias anatómicas-, sino que son el producto de la historia y la cultura.

Estas entidades impulsoras de tal filosofía niegan el fundamento natural del papel tradicional de la familia, alegando que son roles sociales inventados por el ser humano, y que son sujetos al cambio, por tanto, plantean que la sexualidad hay que reinterpretarla en su totalidad, y para tales maquinaciones han diseñado toda una “guerra semántica”, al extremo de obligar a incorporar en el idioma el absurdo “lenguaje de género” para bombardear perversamente sus objetivos: el sentido común de la sociedad.

Como podemos observar, estos son especie de misiles que se apuntan y van directo al primer blanco: la familia biológica, dejando como blanco principal a la misma sociedad que conforman las naciones y su soberanía, con el claro propósito de controlarlas. Según nuestra opinión, el peligro para las naciones de esta nociva doctrina son sus tácticas de infiltración a través de los medios de comunicación, legislaciones y sistema de educación, a tal punto que actualmente no existe una película en TV, Netflix o el cine que no contengan escenas sugerentes o explícitas homosexuales, presentadores “afeminados” o travestis, debido a que los estados han sido “inducidos” a incluir en sus legislaciones el tema de “género” con el objetivo de expandir su doctrina.

Promoción de ideología foránea: Un peligro a la seguridad nacional
En este punto, su finalidad es “desconstruir” los cimientos que se consideran culturalmente como naturales, señalando notoriamente que no lo son, sino que son imposiciones culturales para en ese momento insertar su concepción doctrinaria de “género”.

Si tomamos en cuenta que estos programas están promovidos y financiados por poderosos organismos internacionales como la ONU, FMI, Banco Mundial, fundaciones como la Ford y ONGs con la estrategia oculta de una supuesta “salud reproductiva” y “perspectiva de género” como manera de reducir la tasa de fecundidad entre los pobres de países en vías de desarrollo, es fácil deducir y entender que esta práctica se convierte en un evidente peligro potencial a la seguridad nacional de nuestros países, ya que se promueven planes contrarios a los intereses de la nación, que deberían trabajar fuertemente en una política demográfica y geopolítica en contraflujo de esta ideología.

En el caso de nuestro país, la contraofensiva se basaría en promover familias dominicanas numerosas en la frontera, la ocupación de esos territorios abandonados por la presencia viva del Estado, difundir nuestros valores tradicionales que dieron origen a la Patria, encarnados en los postulados de la Trinitaria, entre otros.

Desconstrucción de valores: Alteración de la seguridad ciudadana
Los efectos negativos del cambio de valores, la indefinición del propio cuerpo inculcando al “ser humano autónomo” que se hace a sí mismo, quien por voluntad se “autocrea” y se convierte en un dios para sí mismo ha generado una crisis de valores cuyas secuelas la vemos en el aumento de conflictos sociales, violaciones a ley, aumento de divorcios y familias vulnerables, lo que a su vez altera el orden público y socava la seguridad ciudadana.

Desplome demográfico: Desplome de soberanía
La ideología de género actúa en el cuerpo de la sociedad como un virus letal demográfico que hace decrecer la población en aquellas sociedades donde se implanta. Algunos estudios científicos consultados indican que cualquier nación que esté por debajo de la línea de crecimiento admisible corre el peligro de desaparecer como nación. La República Dominicana está en el umbral de un paciente casi irrecuperable.

El ejemplo más revelador de lo que advertimos, en cuanto a la desaparición de naciones, su cultura, tradiciones y junto a ellos, su soberanía, la tenemos en Europa. Por ejemplo, mientras la tasa de crecimiento demográfico sigue decreciendo de manera progresiva entre los europeos de origen, la de los musulmanes y otros inmigrantes africanos crece a una tasa de casi cinco veces ese porcentaje, siendo previsible de manera anticipada cuál será el futuro de la cultura, gastronomía, religión, y, tal vez, el mapa político europeo en las próximas cuatro décadas.

Es en este contexto que advertimos al país, que si continuamos aceptando este proselitismo de adoctrinamiento, con una tasa de crecimiento demográfico descendente, con un éxodo de dominicanos al exterior de manera legal o ilegal, que sumada a la masiva, descontrolada e indetenible inmigración haitiana, de seguro que en pocas décadas estaremos condenados como país y como cultura, y la República Dominicana que conocemos hoy habrá desaparecido. Por tanto, creemos que la ideología de género es definitivamente, una ataque directo contra la soberanía nacional.

En este escenario, podemos ver que muchos políticos, unos por ignorancia y otros por sus ambiciones personales desmedidas, se hacen los graciosos con este tema tan delicado -aunque estén en el fondo en contra de esta ideología- tan solo por conseguir popularidad entre los votantes para sus campañas electorales, y a través de ellos, quizá sin proponérselo, están favoreciendo la desconstrucción social, la pérdida de soberanía e independencia nacional.

En el mismo ámbito político, la “ideología de género” se está imponiendo en países donde para recibir ayuda internacional, préstamos o cualquier tipo de financiamiento se les exige y presiona, para que introduzcan, como prerrequisito, en su sistema legislativo todo lo referente a ideología de género. Situación que es inaceptable que una nación u organismo internacional por más grande y poderosa que sea, se abrogue el derecho de imponer por la fuerza del chantaje la ideología que a ellos les convenga, en perjuicio y contraria a las costumbres y cultura de esos pueblos.

Concluimos este análisis planteando a nuestros conciudadanos la realidad de un dilema, en el que tenemos la opción de elegir uno de dos caminos, el de la luz o de las sombras. El primero sería el de retomar la construcción de la nación sobre la base de familias sólidas y equilibradas, donde se pueda educar en la verdad, el respeto y los valores humanos, donde protejamos la libertad y el derecho a educar como elementos necesarios para consolidar nuestra independencia y soberanía nacional; y por el contrario, el segundo camino es el de la disolución de nuestra soberanía nacional, donde asistiremos al “funeral” de la familia natural, el colapso del sistema educativo sobre las “exequias” de la identidad nacional, y así veríamos cómo estaremos sometidos a la “dictadura” de un sistema foráneo que amordaza la opinión pública, y cómo la demografía se reduce a niveles peligrosos hasta llegar a estar condenados a desaparecer como país.

El autor el miembro del Círculo Delta.
fuerzadelta3@gmail.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *