Haitianos por la libre

De una comunidad eminentemente laboriosa y de bajo perfil, la de los haitianos en nuestro país se ha ido contaminando por la presencia de delincuentes que desafían a diario las leyes nacionales, convirtiéndose en un conglomerado temerario, insolente y prepotente.

 Violaciones de menores, asaltos a viviendas, negocios y vehículos, agresiones brutales con machetes y hasta armas blancas contra ciudadanos dominicanos, ocupación ilegal de espacios públicos, como en Santiago, caracterizan hoy las notas de comportamiento que ofrece una buena parte de la comunidad de inmigrantes ilegales en nuestro país.

En estos días asaltaron un cuartel policial y se llevaron armas; en otros momentos han mostrado actitudes desafiantes contra patrullas policiales en barrios de la capital y otras ciudades; se implican en contrabandos de mercancías y tráfico de humanos por la frontera, pero su más ominosa incidencia es en los homicidios.

Muchos de ellos han cometido crímenes horripilantes descuartizando sus víctimas y huyen a su país, escapando de la justicia dominicana.

Pero logran volver, ilegalmente, y reincidir. Si una patrulla de Migración les exige documentos o les manda a detenerse, la desafían, a veces la agreden o sencillamente se escapan corriendo.

A los delincuentes haitianos que cometen fechorías en el país no se les toca ni con el pétalo de una flor, porque las autoridades están sobrecogidas de timidez para evitar que las acusen de actuar con espíritu racista y discriminatorio o de violar los derechos humanos.

Sin embargo, a cuatro dominicanos que accidentalmente les tocó detenerse en Haití en un tránsito ilegal hacia los Estados Unidos, los apresaron, los torturaron y les violentaron sus derechos, por el solo delito de ser ilegales.

Aquí, donde entran por millares sin ningún documento oficial de identidad, no se les da igual trato humillante y degradante, para que no nos caiga el aluvión de acusaciones con que organismos internacionales mantienen chantajeado a este país, maniatándolo en el ejercicio de su propia soberanía.

Los haitianos ilegales y delincuentes, actuando por la libre, se pasaron ya de la raya. Y las autoridades no pueden ni deben dejar que estos desafueros se generalicen, como ocurre en Haití, porque esto no es Haití, aunque a veces lo parece.

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