Esa idea no luce nada buena

Los salarios fueron perdiendo valor en la medida en que mano de obra extranjera, ofertada por indocumentados mayormente haitianos en busca de subsistencia, fue conquistando la preferencia de productores que encontraron en la oferta desesperada una forma de abaratar costos. Así, la oferta de mano de obra barata fue calando en la construcción, el turismo y otras áreas formales de la economía, aunque muchos braceros prefirieron probar suerte en la diversidad de economía informal.
Esta abrumadora presencia de indocumentados llamó la atención del Gobierno, que aunque con poco éxito, se esfuerza por tratar de controlar el reclutamiento de indocumentados y que se respete el tope de 20% en cuanto a la mano de obra extranjera permisible en una empresa. Sin embargo, los controles en este sentido ni han detenido la contratación de indocumentados, ni han revertido la erosión causada a los salarios por la oferta abrumadora de mano de obra barata.
Por ese daño social y económico causado a través del salario, resulta muy mala idea la propuesta de que se aumente la proporción de extranjeros permisible en cualquier fuente de trabajo. Es una realidad contundente que muchos trabajadores dominicanos han sido desplazados por la mano de obra extranjera ofertada a costo de supervivencia. La respuesta debe ser un no rotundo.

 

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