Hambre y desnudez: El cuadro de la miseria en la frontera

EL MODO DE VIDA DE JONATHAN Y RUTNEL A SIMPLE VISTA ES IGUAL, PERO LA LÍNEA QUE LA DIVIDE EN DOS PAÍSES TAMBIÉN SEGMENTA SUS REALIDADES

Marta Quéliz
martha.queliz@listindiario.com
Santo Domingo/Haití
“Nosotros no podemos asumir las dos realidades que viven los niños pobres dominicanos y los niños pobres haitianos. Es cierto que hay que ayudar hasta que duela, pero no podemos descuidar a los nuestros. Se deben crear las condiciones para que en su casa puedan accionar en su favor”.

Es así como admite el gobernador de Pedernales, Cruz Adán Heredia, que cada vez es mayor la cantidad de niños que deambulan por las calles de la provincia, debido a que aunque sean igual de pobres, su realidad aquí es diferente.

Sus consideraciones corroboran de algún modo que la miseria que abunda en la frontera, sobre todo del lado haitiano, motiva a algunas embarazadas de esa nación a venir aquí a tener a sus hijos.

El equipo de reporteros de LISTÍN DIARIO que visitó el Sur profundo para paradójicamente palpar la pobreza que reina en la frontera, pudo darse cuenta de que ciertamente con o sin sus madres, hay un gran éxodo de niños haitianos hacia comunidades dominicanas cercanas a la línea que divide la isla en dos. De este lado siguen siendo pobres, pero cualquiera les da los cinco pesos que, según ellos, necesitan para comer.

Esta situación no es inadvertida por las autoridades. El gobernador tiene claro que hay un problema. “A ellos los fenómenos los han golpeado fuerte, lo cual ha aumentado su grado de pobreza, pero deben buscar una solución para que se queden en su casa”, insiste.

Admite que hay zonas muy vulnerables en el lado dominicano de la frontera, pero que las autoridades gubernamentales les están buscando soluciones. “Y la muestra son las estancias infantiles y el sistema de tanda extendida donde los niños reciben educación y comida”, puntualiza. Eso es una realidad. Durante la visita fue posible observar los aprestos para abrir un centro Caipi en la provincia. Al día de hoy ya fue inaugurado.

El recorrido para encontrar a Jonathan y a Rutnel
El día avanzaba y la misión era conseguir a los dos niños de siete años que habrían de completar las seis historias comparativas que LISTÍN DIARIO se afanaba en conseguir para tratar de buscar respuestas a la gran cantidad de parturientas que cruzan la frontera para dar a luz en los hospitales dominicanos.

La ayuda de Odalís Báez, corresponsal del medio en la provincia, fue muy provechosa. Para contar con su compañía, fue necesario acompañarlo primero a su programa de radio ‘Pedernales y su Desarrollo’, junto a sus compañeros Andrés y Franco, y hasta participar en él. Todo un honor.

La ruta tenía que seguir. No había tiempo que perder. Jorge Cruz no desperdiciaba un solo tiro de su cámara. La vida que hacen los niños en Pedernales era captada por su lente. Todos hablaban de los ‘pedigüeños haitianos’ en el lugar. La razón sobraba. Era inevitable verlos en cada esquina. Y ni hablar de las embarazadas, las que de seguro solo esperan el momento de dar a luz para hacerlo en el nuevo hospital de Pedernales.

Entre estos niños no estaba Jonathan ni Rutnel. El menor haitiano que interesaba a LISTÍN DIARIO para su historia debía estar en su país, y el dominicano había que buscarlo en un barrio como Los Altagracianos, una de las zonas más vulnerables de Pedernales.

Carlos, Rocío y Cirilo coinciden en que la miseria en la frontera tiene un ‘estrabismo’ que permite ver la diferencia entre un niño pobre de este lado y uno de aquel lado de la línea. Admiten que así como ellos saben que son realidades distintas, las madres que vienen a parir aquí, también lo advierten.

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MISIÓN HUMANITARIA QUE NO DA ABASTO
Representantes de las misiones Carlos Latorre se convirtió en una persona clave para ayudar al equipo a entrar a Ansa-a-Pitre, comunidad vulnerable de aquel lado de la frontera.

Luego de contar lo que a través de AYMY, Niños de la Calle de Haití, hace por los menores de allí, se comprometió a ir al día siguiente a colaborar para conseguir a ese niño de siete años que habría de representar a los tantos compatriotas suyos que viven en la extrema pobreza.

Muy atento Carlos. No se conformó con dar solo su versión, sino que también invitó a la española Rocío Fernández y al francés Cirilo Giraud, quienes junto a él, que es de nacionalidad chilena, realizan una labor humanitaria en Haití. Residen en Pedernales y eso les permite ver de cerca cómo los menores haitianos por deambular por las calles se convierten en víctima de violaciones, maltrato, y sin lugar a exagerar, en un blanco perfecto para el tráfico de niños.

“Nosotros tenemos siete años trabajando en este proyecto. Tenemos en Ansa-a- Pitre, una escuela con capacidad para 40 niños y estamos trabajando para abrir otra que acoja a 46 más. Realmente queremos hacer mucho por ellos, pero los recursos son muy reducidos”. Para obtenerlos, Lucía Lantero, se va a su país, España y a otros lugares a buscar fondos para cubrir los 7,000 euros que necesitan mensualmente para todo esto y para pagarles a los 27 empleados que tienen, informa Carlos.

A su explicación, Rocío añade que es importante continuar trabajando para que los niños haitianos tengan una mejor calidad de vida en su territorio. “Precisamente cruzan para acá y hay madres que vienen a dar a luz aquí porque aunque sean pobres, allá es peor”, lo acepta, pero no lo justifica.

Desde su óptica el que Haití tenga un Estado fallido, no debe ser obstáculo para que se trabaje por el bien de los niños. “Hay muchas ONG que tienen recursos y que entendemos deberían hacer más para que ellos no se vean en la necesidad de salir a las calles a exponerse al peligro. Nosotros tratamos de llegar a ellos antes de salgan a deambular”, expresa.

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